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martes, enero 23, 2018

El Institut d'Estudis Catalans defiende la expresión "corona catalanoaragonesa"


BARCELONA.- El Institut d’Estudis Catalans ha reaccionado ante la retirada de un instituto de Huesca, por parte del Gobierno de Aragón, de los libros de texto que utilizan el término "Corona catalanoaragonesa" por considerarlo una muestra de "tergiversación de la historia". El IEC, en una declaración pública, ha expresado su "absoluta repulsa a lo que no es sino un caso inadmisible de censura y de ataque a la libertad de expresión", según http://www.elperiodico.com.

Segons la declaració del IEC, «tanto la expresión 'Corona catalanoaragonesa' como la de 'Confederació catalanoaragonesa' son de utilización habitual entre los historiadores, al margen de su procedencia y siempre con carácter complementario y no alternativo al de 'Corona d'Aragó', de la misma forma que se utilizan en otros contextos los términos 'reino asturleonés', 'monarquía castellanolleonesa' o 'monarquía hispánica'".
En todos los casos manejados por el IEC, se trata de definiciones de un sujeto político que responden a cómo lo caracteriza el autor de cada texto, que puede preferir utilizar el término monarquía hispánica en lugar de España o confederación catalanoaragonesa en lugar de Corona de Aragón para significar que estas uniones dinásticas tuvieron carácter de monarquía compuesta, y no unitaria.
«Ninguno de estos términos tuvo nunca un carácter oficial, y ninguno acusa de tergiversar la historia a los historiadores que los utilizan», recuerda la academia catalana. De hecho, la expresión Corona de Aragón para definir al conjunto de entidades que se agruparon tras la unión matrimonial entre el Reino de Aragón y el condado de Barcelona, con las incorporaciones posteriores de los reinos de Valencia, Baleares, Cerdeña, Sicilia y Nápoles, tardó tiempo en consolidarse como tal, alternando desde el siglo XIII al XVI con otras denominaciones. 
"Como es bien sabido, la intitulación oficial de los monascas era la de reyes de Aragón, de Valencia, de Mallorca, de Sicilia, de Cerdeña, de Nápoles, condes de Barcelona... sin que existiese un nombre oficial para el conjunto de reinos y territorios de la Corona", apuntan el Institut. 
Entre los sucesivas expresiones que se utilizaron para ella figuraron, enumera, 'Aragonum et Cataloniae', 'regno', 'dominio et corona Aragonam et Catalonie', 'corona regni Aragonum', 'corona reial d'Aragó' i 'Corona d'Aragó'.
Esta última se consolidó tras la publicación de los 'Anales de la Corona de Aragón' por el cronista aragonés Jerónimo Zurita, mientras que expresiones como 'confederación catalanoaragonesa' se forjan en el siglo XIX desde la historiografía romántica catalana. El IEC apunta que un término como 'Corona catalanoaragonesa' "hace referencia al carácter inicialmente dual de la confederación y al peso de Catalunya en su interior".
La declaración del IEC añade que la decisión del Gobierno de Aragón "crea un conflicto donde no existía; se estigmatizan expresiones justificadas por los datos históricos y, por ese motivo, ampliamente aceptadas y utilizadas por la comunidad científica y académica, y se deja en total indefensión a los autores y los editores de libros de texto.
«El Institut d’Estudis Catalans -prosigue la nota- quiere manifestar su apoyo a la libertad de expresión de los historiadores y de los editores, al mismo tiempo que deplora este episodio de censura política e ideológica que nos traslada a otra época que considerábamos ya superada».

domingo, marzo 30, 2014

Crónica histórica de una experiencia periodística: De Campoamor a La Moncloa / Francisco Poveda


Coincidiendo con la reciente muerte de Adolfo Suárez ha vuelto a resurgir la figura histórica del primer ex-presidente del Gobierno de la Democracia y se ha hecho pública la razón de fondo por la que tuvo que dimitir a comienzos de 1981, abandonado por la confianza del rey Juan Carlos I y la presión definitiva del sector más inmovilista del Ejército. Con la celebración del funeral de Estado en la catedral de La Almudena se cierra definitivamente un importante capítulo de la actual Historia de España que los investigadores aún tienen que expurgar a fondo para que la verdad resplandezca por encima de una austera lápida de la catedral de Ávila.

En la primavera de 1978, y tras un período de reflexión, Adolfo Suárez accedió  a conceder su primera entrevista solicitada como presidente del Gobierno a un periodista. Hasta un año después, no concedería la segunda ; sería al entonces director de “El País”, Juan Luis Cebrián. De aquel 12 de mayo se esbozan aquí recuerdos y prolegómenos que, vistos con la perspectiva actual, sirven de documentación a la crónica  inconclusa de aquellos años.

En aquel tiempo era la entrevista más codiciada. Pero  el Presidente no estaba por la labor debido a la complejidad del ambiente político. Muchos otros colegas de Madrid y extranjeros lo habían intentado ya, sin suerte, y las posibilidades de una aceptación definitiva eran remotas.

Suárez, Adolfo, el otrora campeón estival de tenis en la Dehesa de Campoamor cuando le conocí por primera vez diez años antes, se sentaba ahora en uno de los sillones más difíciles de este país, sacudido por el terrorismo y la crisis económica. Y enrolado en el proceso de pasar sin violencia de una autocracia a una democracia enmedio de un agrio debate popular de si hacerlo con ruptura o con reforma. Él apostaba y era líder de lo segundo como centrista converso desde las filas del partido único oficial. Pocos meses después conseguiría sacar adelante, con consenso y refrendo popular, una nueva Constitución democrática: la que más ha durado en toda nuestra historia como país aunque ahora se la cuestione.

El Presidente me recibió a las ocho de la tarde del viernes 12 de mayo, después del Consejo de Ministros. Antes, Fernando Ónega, en aquella fecha jefe de Prensa de la Presidencia del Gobierno, me había mostrado la parte oficial de un Palacio de la Moncloa, aún sin reformar para adaptarlo a su nueva función, y tal como estaba para ser residencia de jefes de Estado de visita en España. Suárez surgió, impecable, de la zona provisional de su residencia y, tras recordar nuestros veranos en la finca de los Tárraga-Segura, me invitó a pasar a su despacho de estilo clásico francés.

Mi objetivo profesional se estaba a punto de cumplir. Era yo el primer periodista en lograr un tiempo del Presidente para charlar distendidamente sin más restricciones que no tomar notas o enchufar la grabadora. Estuvimos casi dos horas, sin contar lo que hablamos mientras me acompañó a la puerta para despedirme y recordar que “Campoamor es uno de los sitios donde más me he divertido”. Definitivamente, me pareció más seductor que tahúr.

La labor previa había dado su fruto. Aparte de esgrimir nuestros comunes veraneos, y amigos jerezanos como Federico González de la Peña, el luego librero de Brönte, hube de utilizar conexiones personales de confianza para los dos, entre otros, el ahora muy famoso Antonio Navalón, uno de sus asesores personales, y Pepe Duato, gobernador civil de Alicante, y desterrado por la Dictadura tras haber asistido en su juventud al “contubernio de Munich”, además de ser padre del bailarín Nacho Duato.

El mètodo, mi oferta, y las conexiones profesionales habían convencido al, hasta entonces, desconfiado y hermético Adolfo Suárez. La fórmula de compromiso era hablar como presidente de UCD más que del Gobierno, en un contacto oficioso y amistoso. Las condiciones me recordaron las que Abilio Bernaldo de Quirós me puso un quinquenio atrás para lograr entrevistar a Henry Ford II, el magnate mundial del automóvil, de Detroit.

Años después, alguno de esos mismos intermediarios me procuraron la elaboración de un proyecto periodístico para España de “News Corporation”, la empresa mediática del judío australiano Rupert Murdoch, que, finalmente, no se desarrolló ante argumentos estratégicos nacionalistas de otras empresas periodísticas madrileñas.

La actitud del Presidente se explicaba, más que por estrategia de partido, por prudencia para no poner en peligro la política de Estado que él se proponía, de acuerdo con el Rey Don Juan Carlos, para restablecer la convivencia en un país muy estigmatizado todavía como consecuencia de la secuelas dejadas por la Guerra Civil y el régimen de Franco en una sociedad ya madura para la democracia. A Suárez no le gustaban las entrevistas periodísticas formales y prefería la charla amistosa inteligente porque consideraba prudente no emitir públicamente juicios de valor sobre personas y hechos recientes que pusiesen en riesgo sus propósitos, más o menos confesados genéricamente. Bastante tenía con convencer, calmar o neutralizar a los más ortodoxos franquistas. Su obsesión, consolidar una democracia para todos, incluidos los satanizados comunistas.

Pero nueve años al frente de TVE le hacían comprender la importancia de los medios de comunicación. Además, el periodista era joven, 25 años, y con pocos prejuicios pese a haber asistido desde las agitadas aulas de la Universidad Complutense, a la misma vez que Aznar, Ana Botella, Helena Hedilla o Pérez-Reverte, a los estertores del régimen, magnicidio de Carrero Blanco (uno de los mentores de Suárez desde los tiempos de la Dehesa de Campoamor), y muerte de Franco, residiendo en un colegio mayor donde tenía por vecino de planta al ya entonces inquieto y locuaz Álvarez Cascos.

Suárez no rehuye entrar a todos los temas que le planteo sin cuestionario previo, salpicando la conversación amistosa con pronunciamientos como que “nada me hace decaer ni me desalienta. Mis banderas son las de la libertad y la justicia”. De fondo, en la librería, destacan una foto con el Rey vestido con uniforme militar de campaña; otra de su esposa, Amparo Illana; y una tercera del falangista liberal Fernando Herrero Tejedor, su primer gran mentor, “padrino” político, y padre del periodista Luis Herrero, en medio de muchas otras con jefes de Estado o de Gobierno.

Cordial y accesible, Suárez llenó de colillas el cenicero; contó anécdotas y gastó bromas. Llegó a revelar tácticas pero silenció estrategias. Jugaba mucho con el factor tiempo y calculaba perfectamente toda contestación al cambio político en la duración de su efecto psicológico y el momento de darlo a conocer. Preveía todas las reacciones a sus decisiones, y el paso siguiente. “Mi designación por el Rey causó hasta risa”, me dijo al revelarle mi sorpresa de aquel 4 de julio de 1976 al conocer la noticia de agencia en la mesa de Redacción de “La Verdad”.

Porque Suárez sólo contaba 44 años. A continuación me reveló que su ambición secreta desde siempre era llegar a presidente del Gobierno. Por eso, tiempo atrás y mediante contactos discretos, había presentado sus proyectos de transición y su visión de la reforma desde dentro al entonces Príncipe de España. Lo que más convenció a Don Juan Carlos fueron las mayores posibilidades de Suárez de materializar esos proyectos de evolución frente a las fórmulas que le presentaron también otras figuras políticas del momento.

En tono distendido, entre temas muy serios, volvíamos una y otra vez a cuestiones más triviales. “Cuando no me dedico activamente a la política es cuando me pasa todo lo malo de mi vida”, parece que vaticinó aquel 12 de mayo a tenor de lo que ha sufrido después con la enfermedad y muerte de su mujer y de una de sus hijas. “Soy un chusquero”, recalcó tras enumerar todas las funciones políticas desempeñadas en los diversos niveles de la Administración del Estado, desde gobernador de Segovia a presidente del Gobierno pasando por director general y ministro. ”Tengo colmados todos mis deseos de poder". Precisamente Suárez me confesó que le gustaba ir al Congreso de los Diputados y dirigir personalmente la estrategia de su partido (normalmente eso lo hacía Abril Martorell) cuando había que adoptar decisiones importantes.

Quizá el momento de más interés de las dos horas fuese cuando se mostró seguro de que los empresarios y banqueros apoyaban sus reformas económicas, que, ya entonces, pasaban por la supresión de privilegios e introducir la economía de mercado tras decenios de práctica autárquica “para que ésta funcione correctamente”. Suárez aventaba difícil salida a la crisis económica que sufríamos y me confirmó su gran preocupación internacional por el Estrecho de Ormuz, lugar de paso de la mayoría del crudo mundial y vía estratégica del suministro de petróleo a Occidente. Confiaba en la entrada de divisas gracias al turismo, una reserva monetaria que antes de llegar él ya era importante, pero mostraba cautela al decirme que “no basta con tener una Constitución democrática para lograr la reactivación”.

Quería hacer política de Estado, se mostraba satisfecho conque la Izquierda hubiese aceptado a la Monarquía de Don Juan Carlos tras asumir los intereses supremos de España, y no se arrepentía del cambio de su trayectoria política desde el franquismo porque pensaba que “lo más normal y racional es tender al centro”. No le gustaban, según me dijo, los cambios bruscos y pendulares. Y pasaba bastante de las críticas personales porque “las etiquetas las da el pueblo y las refrenda un determinado comportamiento. Se han dicho de mi cosas falsas en la Prensa”. Aproveché su locuacidad en el trayecto desde su despacho hacia los jardines y la salida del edificio de Presidencia para testar su resistencia a modificar límites territoriales entre las regiones que iban perfilando la España de las Autonomías.

Como colofón, antes de la preceptiva foto de despedida en la puerta a las escaleras exteriores, le recordé la entrevista que muchos meses antes yo le había hecho a su hija Laura en la casa de verano que el director general de Seguridad, Mariano Nicolás y su esposa, Mari Jiménez, fallecidos en accidente hace años, tenían en Denia. Sin reprobar mi logro por accesibilidad a aquellos anfitriones, Suárez me despidió diciéndome:“A mis hijos les tengo prohibido hacer declaraciones por si sueltan algún disparate”.

sábado, abril 27, 2013

Juan José Clar destapa 'La verdad sobre la conquista de Mallorca', cuya cultura no es catalana, como se pretende, desde el rey Jaime I


PALMA.- Más de 200 personas abarrotaron la en la presentación del libro de Juan José Clar 'La verdad sobre la Conquista de Mallorca', organizada por la Fundación Círculo Balear (FNCB).
Sala Albéniz del Auditorium de Palma

La introducción la realizó el presidente de la entidad, Jorge Campos, en español y en mallorquín, criticando al actual consejero de educación del gobierno balear, Rafael Bosch, por haber declarado que el mallorquín o balear "no le interesa porque no existe", y que su responsabilidad es con "el catalán". "Les acabo de hablar en una lengua que no existe para el responsable de la cultura y educación balear. ¿Qué podemos esperar del cumplimiento de los compromisos del gobierno en esta materia si su máximo responsable declara ésto?", dijo Jorge Campos dirigiéndose al público asistente.

El presidente de la FNCB, acompañado del hijo del autor, Manuel Clar, presentó al autor del libro agradeciéndole su trabajo: "Es muy importante la publicación de estas obras que acuden a las fuentes históricas y que desmontan el pancatalanismo cultural y político que pretende acabar con la identidad de Baleares para separarnos del resto de España. El libro demuestra la gran mentira que se enseña a los alumnos de Baleares cuando se afirma que la cultura y la lengua de las islas son catalanas desde la conquista de Mallorca por Jaime I. Nada más lejos de la verdad histórica", dijo.

Juan José Clar, historiador, escritor, marino mercante, caballero del Ancla de Plata de la Real Liga Naval Española y profesor de la misma, hizo un repaso del contenido del libro que toma como hilo conductor la obra de uno de los mejores y más galardonados historiadores de Balares, Álvaro Santamaría. Clar explicó como los archivos históricos, la toponimia, las costumbres y tradiciones de Mallorca, desmontan las falsedades, tergiversaciones y manipulaciones históricas que desde los centros de enseñanza y universidades se difunden como "autenticidad científica, eso sí, previas millonarias subvenciones públicas", recalcó el autor, quien informó que el libro está a la venta en la sede del Círculo Balear, en la calle San Miguel, 43, de Palma.

El acto lo cerró Jorge Campos, haciendo un llamamiento a las instituciones de gobierno de Baleares para que acaben con el pancatalanismo contrario a la mayoría de los ciudadanos. Petición muy aplaudida por el público asistente compuesto por ciudadanos de todas las edades, empresarios, economistas, abogados, docentes, y estudiantes de la asociación recientemente constituida Estudiantes Libres de Baleares (ELB).

martes, abril 16, 2013

El PP "rompe" el consenso en la candidatura de 'Menorca Talayótica' para Patrimonio de la Humanidad


MAHÓN.- PSIB y MÉS se han abstenido durante la votación de la Proposición No de Ley presentada por el PP con el objetivo de apoyar la  candidatura de Menorca Talayótica para ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y han criticado a los 'populares' por "romper" el consenso.

   Los econacionalistas han explicado que la intención de la oposición era votar a favor de la iniciativa pero debido a la "actitud beligerante y provocadora" de la representante del PP que defendía la proposición, que no ha aceptado ninguna de las enmiendas presentadas por el resto de grupos, finalmente han optado por la abstención.

   MÉS ha indicado que el contenido de las enmiendas complementaba el texto presentado por el PP buscando el reconocimiento para las entidades que dan apoyo a la candidatura y también a la labor iniciada la pasada legislatura. Además, se solicitaba apoyo para la financiación, tanto a partir de solicitar fondos Feder como también el apoyo técnico del Govern.

   "Lamentablemente, por parte del Grupo Popular ha primado el protagonismo sobre la unanimidad que se había conseguido tanto en el Parlament en noviembre de 2010, como en el Consell de Menorca", tal y como han afirmado los diputados Nel Martí y Cristina Rita, de los grupos Més y PSIB, respectivamente.