jueves, julio 27, 2023

Tres comunidades autónomas alcanzan el pleno empleo y otras cuatro lo rozan

 


MADRID.- Según la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el empleo creció en España hasta superar por primera vez los 21 millones de trabajadores, a la vez que el desempleo descendió hasta cifras históricas del 11,6% de media nacional.

Si bien el descenso del paro ha sido generalizado, no se ha comportado de la misma forma en todas las comunidades autónomas. Si en algunas lo hizo de forma notable, en otras los datos se han quedado más cortos. Quienes más redujeron el desempleo han sido Balears(58,16%), Navarra (27,39%), La Rioja (26,34%), Asturias (18,75%) y Catalunya (17,28%). Sin embargo lo han hecho en menor medida otras como Andalucía (-0,17%) o Aragón (-3,68%).

Según los datos hechos públicos por el INE esta jueves, tres comunidades autónomas han reducido en número de parados por debajo del 8%, cifra que el Gobierno ha puesto como marca para decretar el pleno empleo. Estas regiones son Balears (7,15%), Euskadi (7,13%) y La Rioja (7,46%).

Otras cuatro comunidades que se han quedado a las puertas de ese porcentaje y podrían alcanzar el pleno empleo en breve son Cantabria cuya tasa de paro fue del 8,12% en el segundo trimestre de 2023. También se acercó Catalunya, que marcó un desempleo del 8,44% en el mismo trimestre. A estas dos las siguen con unas décimas más Aragón, que se quedó con un 8,59% de desempleo y Navarra, con un 8,79%.

En las antípodas de estos datos están regiones como Ceuta y Melilla, que según datos de la EPA, con un 27,37% y un 19,42% respectivamente. 

Este máximo de contrataciones y el mínimo histórico de desempleados vienen a consolidar una tendencia positiva registrada por la EPA en las últimas encuestas y continúan la tendencia del último año, cuando el empleo creció en 588.700 personas, un 2,88%.

El Ministerio de Asuntos Económicos ha destacado que los datos de la EPA son el "reflejo de la fortaleza y el dinamismo de la economía española que favorece a familias y empresas".

Cifras ya casi desconocidas desde 2008

En el segundo trimestre se aceleró la creación de empleo, con un incremento de la ocupación de más de 600.000 trabajadores. La población activa se incrementó en 238.600 personas hasta las 23.819.200 personas, alcanzando también un nuevo máximo histórico.

La ocupación alcanzó las 21.056.7000 personas en el segundo trimestre de 2023, lo que supone un récord histórico de personas trabajando, según la Encuesta de Población Activa (EPA), publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

En el segundo trimestre del año se aceleró la creación de empleo, con un aumento de 603.900 trabajadores, lo que, unido al aumento de la población activa, que también alcanza un nuevo máximo y se sitúa en 23.819.200 personas, y la reducción de la tasa de paro hasta el 11,6 %, reflejan el dinamismo y cambio estructural del mercado laboral, la eficacia de las reformas adoptadas y la fortaleza de la economía española.

El paro se redujo de abril a junio en 265.300 personas, un 11,68 %, (-6,61 % con datos corregidos de estacionalidad), El número total de desempleados se situó en 2.762.500 personas y el paro descendió hasta el 11,6 %, la tasa más baja desde 2008.

Hay que destacar también que en el segundo trimestre ha aumentado la ocupación y descendido el paro en todas las Comunidades Autónomas, reduciéndose también en casi 140.000 el número de hogares con todos sus miembros en paro.

Durante el trimestre ha seguido reforzándose la estabilidad del empleo, con un incremento de los contratos indefinidos de 410.000, frente a los 95.400 temporales, lo que ha permitido que la tasa de temporalidad se mantenga en el mínimo del 17,3, que acerca a España a la medida europea.

Asimismo, hay que señalar que todo el empleo creado en el segundo trimestre ha sido en el sector privado, con 610.100 trabajadores más y un descenso de 6.200 del sector público. En estos meses el número de trabajadores autónomos se incrementó en casi 100.000 personas.

En este contexto de mejora del empleo, es especialmente significativo el aumento de la población activa, que en este periodo se incrementa en 238.600 personas hasta alcanzar los 23.819.200 trabajadores, poniendo de manifiesto la confianza de los trabajadores en encontrar un puesto de trabajo pese al difícil entorno exterior.

Ocupación

La ocupación se incrementó en 588.700 personas en el último año (+2,88 %), hasta situarse en 21.056.700 personas, la cifra más alta de la serie histórica. En el último trimestre la ocupación aumentó en 603.900 personas (+2,95 %). En términos desestacionalizados, creció un 1,4 %.

El empleo en términos interanuales registró el mayor crecimiento en el sector Servicios, con 658.000 ocupados más y Construcción, con 20.800 y bajó en Industria en 50.500 personas y en Agricultura en 39.600. En el segundo trimestre del año, el sector Servicios creó la mayor parte del empleo, con 606.000, seguido de Construcción, con 60.900 más, Agricultura, con 1.500, mientras que descendió en Industria, con 64.500 ocupados menos.

Por lo que respecta a las Comunidades Autónomas, la ocupación aumentó en todas las regiones en los últimos 12 meses. Los mayores aumentos se produjeron en Cataluña, con 133.000 ocupados más, Andalucía, con 101.600 y la Comunidad Valenciana, con 72.700.

También en el segundo trimestre aumentó la ocupación en todas las Comunidades. Los mayores incrementos se dieron en Cataluña, con 132.700 empleados más, Islas Baleares, con 108.100 y Madrid, con 77.300.

Sigue la positiva evolución del empleo indefinido con un incremento de 1.3140100 personas en los últimos 12 meses, mientras que el temporal disminuyó en 764.300. En el segundo trimestre esta tendencia continuó, con un alza de 410.100 asalariados indefinidos y 95.400 temporales. De esta forma, la tasa de temporalidad disminuye hasta el 17,3 %.

También siguió aumentando el empleo a tiempo completo, con un incremento de 559.200 personas en el último año, muy por encima del empleo a tiempo parcial, que aumentó en 29.500 personas. En el segundo trimestre se mantiene esta tendencia, con un aumento de 561.500 trabajadores a tiempo completo, frente a los 42.500 a tiempo parcial, lo que ha permitido que la parcialidad se reduzca hasta el 13,52 %.

Por género, el empleo femenino se ha incrementado en 308.200 personas en el último año y continuó creciendo en el primer trimestre, con 271.800 mujeres más ocupadas. Por su parte, la ocupación masculina en términos interanuales también se elevó en 280.500 trabajadores y en 332.200 en el último trimestre.

Desempleo

El paro se redujo en 157.000 personas en el último año (-5,38%), con una disminución de 365.300 personas en el segundo trimestre (-11,68 %) hasta las 2.762.500 personas, reduciéndose la tasa de paro hasta el 11,6 %, la más baja desde 2008. En términos desestacionalizados la variación trimestral es del -6,61 %.

En términos interanuales, el paro desciende en Agricultura, con 13.500 parados menos y en Construcción, con 6.200 desempleados menos. Por el contrario aumenta en Servicios, con 64.700 parados más, y en Industria, con un incremento de 2.800. En el segundo trimestre del año, el desempleo se reduce en todos los sectores, especialmente en Servicios, con 208.600 parados menos.

Por Comunidades Autónomas, todas registran descensos del paro en el último año. Los mayores descensos en términos anuales se produjeron en Canarias, con 25.200 menos, Cataluña con -23.700 y Galicia, con un descenso de 19.700.

Estas cifras se registraron tras un último trimestre en el que también se redujo el paro en todas las Comunidades. Las mayores bajadas se dieron en Cataluña, con 70.400 parados menos, Islas Baleares, con 68.600 menos y la Comunidad de Madrid, con 49.900.

Durante el segundo trimestre ha seguido reduciéndose la tasa de paro femenina, que se situó en el 13,2 %, la menor desde 2008, y la tasa de paro masculino descendió hasta el 10,27 %. También sigue bajando el paro juvenil, que se sitúa en el 27,9 %, de nuevo la menor tasa desde 2008.

 

¿Quién ha ganado las elecciones? / Santiago Alba Rico *



España es un país difícil. La derecha lo quiere simplificar. Es ese, desde los Reyes Católicos, su impulso histórico: lo llamaré el "método Procusto", por el mitológico ladrón que ajustaba el cuerpo de sus huéspedes, sierra o martillo mediante, al tamaño de la cama; o también "método Gordias", en referencia al complicadísimo nudo que Alejandro Magno, sin tiempo que perder, cortó de una cuchillada para conquistar la Frigia. La derecha quiere decidir el tamaño de España. La derecha quiere deshacer el nudo llamado España a golpes de espada.

Como sabemos, hay dos figuras retóricas que utilizamos con frecuencia, de manera cotidiana y banal, y de las que a veces abusan los periodistas y los políticos. Tenemos, por un lado, la sinécdoque, que consiste en nombrar la parte por el todo o viceversa; y tenemos la prosopopeya, mediante la cual atribuimos cualidades humanas a una entidad o concepto abstracto. 

Sin ellas sería muy difícil hablar y casi imposible dar la mayor parte de las noticias; pero su uso esconde a veces trampas conceptuales potencialmente engañosas. "Los españoles votan a la derecha" o "los españoles votan a la izquierda" son sinécdoques a través de las cuales solemos resumir un resultado electoral, olvidando que los partidos que pierden las elecciones también están compuestos de españoles. "España vota a la derecha" o "España vota a la izquierda" son, por su parte, prosopopeyas que se representan España como una persona vida dotada de una única voluntad.

Si pretendemos titular las elecciones del pasado domingo mediante estas dos figuras retóricas, hay que reconocer que tan legítimo es que Feijóo declare que "España y los españoles han votado al PP" (pues ha sido, por los pelos, el partido más votado) como que Sánchez y Díaz afirmen que "España y los españoles rechazan las políticas reaccionarias del PP y de Vox"" (toda vez que, en efecto, el resultado no da a la derecha una mayoría suficiente para formar Gobierno). 

¿Quién ha ganado entonces las elecciones? No las ha ganado, no, la derecha, pese a la exigua ventaja en votos de Feijóo sobre Sánchez,  pero tampoco —seamos un poco sensatos— las ha ganado la izquierda, por muy grande que sea nuestro alivio desde el pasado domingo.

¿De quién ha sido la victoria? Las elecciones, digamos la verdad, las ha ganado la dificultad. Y eso es manifiestamente bueno. Pues si aceptamos, como sostengo en el primer párrafo, que España es un país difícil (una radical complejidad histórica y territorial, un nudo endiablado), podemos rematar todos estos tropos poéticos afirmando que "España ha elegido la dificultad" o, valga decir, que "España se ha votado a sí misma" o, a modo de colofón retórico, que "España ha ganado las elecciones". 

Esto es lo realmente bonito e incómodo del 23J: España quiere ser difícil, aunque no quepa bien en el lecho de Procusto; pide ser desatada con cuidado, como un nudo enrevesado, y no ser forjada en un molde de un solo hachazo. Este "querer ser difícil" es lo que a veces se llama, con otro nombre, democracia.

Bienvenida sea, pues, esta dificultad precariamente victoriosa que la derecha, desde don Pelayo, quiere simplificar de un tajo. Bienvenido sea un resultado electoral que reivindica —también por los pelos— la complejidad democrática sobre la simplicidad retórica y autoritaria. Bienvenido sea ese país difícil que asoma a veces entre las costuras y que nunca acabamos de construir.

España, sí, es un país difícil y lo es por muchas razones. Algunas las comparte con el resto del mundo: neoliberalismo revolucionario, desigualdades sociales, descrédito de las instituciones democráticas. Pero frente a las crisis globales cada país reacciona recapitulando y actualizando su propia historia. No sé si la de España es la más triste, como lamentaba Gil de Biedma, pero está quizás en el top 10.

El miedo que muchos hemos pasado en las semanas anteriores a las elecciones y el alivio con que respiramos desde el domingo pasado tiene mucho que ver con este regüeldo o regreso del estilo hispano: ausencia de élites democráticas, alianza entre los intereses económicos y el pensamiento reaccionario, negación radical del otro en nombre de una España encogida y homogénea en la que precisamente España —la España difícil que ha sacado la cabeza en las últimas décadas— no cabe.

Paradójicamente la derecha española ha llamado siempre "España" a una idea abstracta muy simple y "anti-España" a la difícil España realmente existente. Nuestra derecha se ha radicalizado, como la estadounidense, la italiana o la brasileña, pero lo ha hecho de una manera muy castiza, mediante un negacionismo patriótico que niega precisamente la endiablada dificultad de España. 

Esta es la paradójica dificultad adicional de un país difícil y mal construido: la de una derecha premoderna que quiere simplificar todas las dificultades: las relaciones entre los cuerpos, las relaciones entre los territorios, las relaciones entre los poderes, las relaciones entre las clases, las relaciones entre las memorias.

Así que convendría no olvidar algunas cosas. La primera: que esa derecha simplona y radical no ha ganado, pero tampoco ha perdido las elecciones. El domingo pasado no consiguió los votos necesarios para gobernar el Estado, pero gobierna la mayor parte de las instituciones locales y autonómicas y, sobre todo, opera ya en una sociedad antropológicamente más neoliberal, más reaccionaria y menos democrática.

Tampoco conviene olvidar —en segundo lugar— que la España difícil que ha ganado las elecciones (por utilizar la sinécdoque abusiva banal) no es de izquierdas: el escrutinio visibiliza de hecho la España republicana y federal que aún no existe de derecho. En España no hay, como se cree, un bloque de derechas enfrentado a un bloque de izquierdas.

Hay una derecha castiza, nacional, simplificadora y radical, enfrentada a una constelación territorial e ideológica diversa: formada —es decir— de dos izquierdas españolas (PSOE y Sumar, una más moderada y otra más transformadora), tres izquierdas nacionalistas no homologables entre sí (ERC en Catalunya, Bildu en el País Vasco y BNG en Galicia) y dos derechas nacionalistas, vasca y catalana, cuyos programas no se reducen al pragmatismo económico (PNV y Junts).

La España difícil es tanto de izquierdas como de derechas; por eso es ya republicana y federal y por eso, frente a la España simplona de Procusto y Alejandro, es mucho más democrática. España, de hecho, lo sabemos, no puede gobernarse democráticamente sin los nacionalismos centrífugos, de izquierdas y de derechas, a los que habrá que agradecer que, en una coyuntura difícil (y a veces con un ejemplar sentido de la responsabilidad), estén ayudando a las izquierdas españolas a salvar la democracia y el derecho en España.

A cambio, el futuro Gobierno de coalición —si, como espero, llega a formarse— debería hacer explícita de una vez por todas la dificultad nuclear de nuestro país y movilizar todos los medios a su alcance para convencer a los ciudadanos de que la democracia —la complejidad negociadora, el nudo desatado a muchas manos— es mucho más satisfactoria, pacífica y eficaz que cualquier simplificación patriótica. 

Frente a la tentación de la simplicidad, alimentada por buena parte de los medios de comunicación, necesitamos una pedagogía de la dificultad: un patriotismo de nudos y lazos y no de tajos y atajos.

El verdadero desafío para ese Gobierno será el de construir una sociedad menos neoliberal, menos reaccionaria y más democrática que deje hablar y votar, pero no mandar, a los simplificadores. 

La España difícil que se ha votado a sí misma no se va a imponer en los próximos cuatro años como pluralidad de destino en lo territorial, pero el PSOE de Sánchez (del otro mejor no hablar) no debería olvidar que, más allá de sus negociaciones con Junts, la democracia en España seguirá estando en peligro mientras no se haga retroceder al mismo tiempo el neoliberalismo, el oscurantismo mediático y el castizismo institucional y territorial. 

La España difícil debe ser, de manera simultánea, un hecho electoral y un proyecto de futuro.

Pero la España difícil —por último— es ese conglomerado de cálculos, desencantos y temores que ha comparecido, de manera inesperada y en el último minuto, en unas elecciones en las que muchos votantes de izquierdas han votado a regañadientes y sin esperanza de representación. 

El PSOE no debe olvidar, por ejemplo, a los muchos votantes de Sumar que le han prestado el voto en provincias donde solo el partido de Sánchez podía obtener escaños. Una parte de Sumar está hoy dentro del PSOE y eso debe reflejarse en los acuerdos de Gobierno y en las leyes. 

Sumar, por su parte, no debería olvidar a los muchos abstencionistas convencidos que le han prestado el voto por temor a las políticas simplificadoras de la derecha radical. Si Sumar quiere comprometer para siempre a ese electorado intermitente de izquierdas tendrá que llevar su programa económico y social al Consejo de Ministros, sí, pero también ofrecer a los jóvenes que se politizan una organización acogedora, plural y democrática: el país difícil no puede ser aún federal y republicano, pero nuestras organizaciones políticas sí.

El 23J fue un alivio, no un triunfo. Ahora toca trabajar, atando y desatando nudos, para formar un gobierno que represente y defienda la España difícil y democrática y deje poco a poco sin habitantes, mediante leyes mejores y mejor defendidas, esa España simplificadora y autoritaria que la derecha castiza radicalizada (racista, machista, homófoba y neoliberal) va a seguir tratando de imponernos, con democracia o sin ella.

 

(*) Escritor, filósofo marxista y ensayista

 

https://blogs.publico.es/dominiopublico/54407/quien-ha-ganado-las-elecciones/